Eran las once horas y diecisiete minutos del día veinticuatro de octubre del año dos mil nueve, de una agradable mañana soleada y sin viento, cuando cerraba tras de mi la puerta de donde hasta entonces había vivido, y con ella mi pasado; para reencontrarme, ciento cuarenta pasos despues, con mi nueva vida en la republica independiente de mi casa.
NUNCA había dado explicaciones, pero era ahora cuando NO TENIA que darlas.
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